Yo sostengo que el ser humano es incapaz de comprender su misión en el universo si no se aferra a una idea superior, a una visión de la existencia. A mis 36 años, me ha tocado vivir muchas experiencias. Pasé de rebobinar casetes y fotocopiar cancioneros de Soda Estéreo y Silvio Rodríguez, en el siglo pasado, a organizar mi lista de reproducción en Spotify y escuchar audio libros en Youtube.

A principios de este siglo, cuando tenía 22 años, abrí mi primera cuenta de correo electrónico. Lo hice para escribir una carta de amor que no supe enviar y quedo en ‘borrador’. Por prestar la atención suficiente a mis tipos de redes comprendí prematuramente el alcance de Latinchat, Messenger y luego Facebook y empezamos a armar grupos y salas de debate.

Tengo implantadas prótesis metálicas en el cuerpo para poder caminar. Si alguien me hubiese preguntado hace 10 años si eso era posible, sin ninguna duda hubiese respondido que no.

Cuando levanté por primera vez a mi hijo comprendí algo que leí en algún libro o vi en alguna película y es que “Ahora solo existo para ser un buen recuerdo de él”. He visto morir a seres muy importantes en mi vida y he sentido que no podía superarlo y lo he superado. Estuve en coma y al despertar sentí el calor irremplazable de mi familia y mis amigos. Pero, a pesar de todo, cada día le doy una vuelta más a la tuerca y sigo aprendiendo y sigo descubriendo.

Escucharnos  

En el mundo de lo público hay una máxima: “Si no te gusta hacer política alguien la hará por ti y seguramente en contra tuya”. Sin estar del todo acuerdo, siento que hay un mensaje implícito clave: tenemos que participar, levantar la mano, pedir la palabra, reclamar. Además, aprendí una lección invaluable en alguna asamblea de gobernadores de parte del gobernador Guido: “Gobernar es escuchar”. Tanta sabiduría y tanta realidad en tan breves palabras.

No creo que sea la varita mágica, pero si este país quiere marchar por la senda de la democracia, tenemos que escuchar y atender la voz de las mayorías, pero también de las minorías; debemos ser capaces de escucharnos para poder construir una nueva realidad juntos. Es lo primero que aprendemos cuando estamos en el vientre de nuestra madre y cuando damos lo primeros pasos: escuchar la naturaleza, escuchar al otro, escuchar su voz. Aunque parece que lo vamos olvidando con el tiempo.

Quiero que sepan que el día de hoy iniciamos un proceso que busca provocar la escucha activa entre quienes toman las decisiones y la ciudadanía. Desde mi humilde tribuna, y con el apoyo de los amigos que quieran sumarse, estaremos incitando el debate, la disertación y el diálogo. No hay ninguna pretensión distinta a la de lograr el entendimiento y la comprensión del otro. Creemos que la motivación principal de cualquier pacto, alianza, consenso o acuerdo no puede ser la subordinación o la coalición sino la comprensión y el entendimiento. Así funcionan los matrimonios éxitos y las familias unidas; es la divisa de las sociedades prósperas, pacíficas y desarrolladas.

Qué buscamos

Quiso Dios y la vida hacerme ingeniero. Por eso, viendo a todo el mundo hablar del centro y que si existe o que no existe, creo que viene bien aplicar lo

aprendido y llamar al orden a quienes, bien sea por MODA o porque el PROMEDIO de la gente lo diga, desconocen que las medidas de tendencia central representan un CENTRO alrededor del cual se encuentra organizada la mayoría.

Esa es la razón por la cual vamos a llamar a nuestro espacio de deliberación ‘TENDENCIA CENTRAL’.

Me explicaré con un ejemplo bien conocido: Si una familia de ‘El Codito’, en Bogotá, se compra un pollo asado para cenar y sus tres vecinos no tienen qué comer, un funcionario del Ministerio de Hacienda dirá que el PROMEDIO del consumo de pollo asado en ‘El Codito’ es de “1/4 pollo per cápita”.

La MEDIANA es otra forma de medir la tendencia central y es especialmente útil cuando los datos son irregulares o dispersos. El cálculo de la MEDIANA implica la ORGANIZACIÓN de los datos en orden ascendente o descendente, permitiendo así seleccionar el valor central de dicha organización. Cuando el conjunto de datos es par (no hay un centro definido) entonces la MEDIANA se calcula promediando los dos datos que se encuentran en el centro.

Poco menos popular que la MODA (el dato que más se repite en un conjunto) y menos aplicada que la MEDIA (la suma de todos datos de un conjunto dividida entre el número de datos) la MEDIANA es la medida que busca la TENDENCIA CENTRAL de un conjunto de datos cuando estos datos están ordenados. Como notarán, la palabra clave aquí es ORDEN.

Me explico con otro ejemplo: En El Sabanal, zona rural de Montería, viven cuatro ciudadanos colombianos con sus siguientes salarios:

  1. José: 1 millón.
  2. María: 1,5 millones.
  3. Andrea: 1,5 millones.
  4. Álvaro: 32 millones.

Si quisiéramos saber cuál es la tendencia central de los ingresos de estos cuatro ciudadanos, tendríamos:

  1. Promedio: 9 millones.
  2. Mediana: 1,5 millones.
  3. Moda: 1,5 millones.

Como queda claro, encontrar la TENDENCIA CENTRAL puede resultar una tarea reveladora. A veces el debate político genera una sensación polarizante; pero siempre habrá una tendencia central que permita organizarnos en torno a ella. Nuestra tarea será, pues, la de encontrarla y explicarla de una forma sencilla y práctica al pueblo colombiano.

Hoy, nuestros líderes mundiales intentan adaptarse a una realidad que ya cambió. Mientras tanto, se están tejiendo nuevas redes, nacen nuevos paradigmas, se fulminan verdades que ayer eran incuestionables.

Por eso, el día de hoy quiero invitarlos a empezar. Con estas breves palabras iniciamos un proceso de deliberación y diálogo, encaminado, claro está, a la búsqueda de la ‘TENDENCIA CENTRAL’ en nuestra frágil democracia.